El juego interior: lo que no se ve en el deporte (Parte 2 de 2)
- Aarón Pérez
- 23 jul 2020
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 9 dic 2025
Por Aarón Pérez
Blog: Despertar Consciente
Las emociones: el juego invisible
Nadie nos enseña cómo funcionan las emociones. Ni siquiera en la formación académica de los psicólogos existe una materia dedicada exclusivamente a ellas. Sin embargo, en el rendimiento de un deportista, las emociones juegan un papel determinante.
Cada persona se siente según lo que piensa. Y durante una competencia, lo que el deportista se dice a sí mismo afecta directamente su desempeño. ¿Qué piensa del entorno? ¿Del árbitro, del clima, del público? ¿Qué se recrimina cuando comete un error? ¿Qué teme que otros piensen de él?

La neurociencia ha demostrado que cuando estamos nerviosos, nuestra visión se reduce. Literalmente vemos menos. Si el foco está más en el entorno que en la actividad, el rendimiento disminuye. Por eso, un deportista que logra tomar conciencia de sus emociones y expresarlas, eleva su desempeño. La mente clara permite al cuerpo fluir.
El dolor: más allá de lo físico
Uno de los factores que más limita el potencial de un deportista es el dolor. Las lesiones pueden dejarlo fuera de competencia, reduciendo su rendimiento a cero. Pero la neurociencia ha revelado algo sorprendente: solo un tercio del dolor es biológico. Los otros dos tercios son emocionales.
Por ejemplo, un esguince de tobillo duele. Pero si esa lesión te impide competir en un evento importante, el dolor se intensifica. ¿Por qué? Porque el cerebro activa las mismas neuronas del dolor físico cuando sufrimos un dolor emocional, como quedar fuera de una competencia. El dolor social y el dolor físico comparten el mismo circuito neuronal.

Lo mismo ocurre con el cansancio. No es solo físico, es mental. La medicina biológica —también conocida como nueva medicina germánica— ha sido clave para entender cómo los conflictos emocionales se manifiestan en el cuerpo. Hoy sabemos que muchas enfermedades y lesiones tienen una raíz emocional. Reprimir lo que sentimos puede traducirse en síntomas físicos.
El potencial: más allá de la genética
La genética puede ofrecer una predisposición inicial, pero no determina el destino. El verdadero potencial se desarrolla en función de la motivación, del deseo de aprender, de la capacidad de superar interferencias internas.
Un deportista puede entrenar, alimentarse bien, ser disciplinado. Pero si no trabaja su mente, su rendimiento será limitado. A mayor número de interferencias emocionales y mentales, mayor será el esfuerzo necesario para alcanzar el máximo potencial.
Como dice Estanislao Bachrach:
“El cerebro muere por dos cosas: por dejar de usarse o por estrés. No muere por la edad. Si pasas el día mirando televisión, con poca actividad mental y sin interacción social, te mueres. El cerebro necesita estar desafiado y conectado.”
Talento e inteligencia: flexibilidad cognitiva
Tal vez el talento no sea otra cosa que la capacidad del cerebro para procesar rápidamente la información del entorno, apoyándose en la memoria para encontrar la mejor solución. En ese sentido, la inteligencia no es acumulación de datos, sino flexibilidad cognitiva: la habilidad de adaptarse, de elegir entre múltiples opciones sin necesidad de racionalizar cada paso.
Cuanta más información tenga nuestra memoria, más rápido y eficaz será el cerebro para decidir. Por eso, aprender es clave. Aprender no es acumular, es transformar.
Conclusión: ¿Puedes ser un crack en tu vida?
Si puedes leer esta información sin filtrarla por tus prejuicios, interpretaciones o creencias, es probable que tu intuición te diga que esto no aplica solo al deporte. Aplica a la vida misma.
Si todos los cerebros funcionan igual, entonces el deporte es solo un medio para explicar algo más profundo: el potencial humano. ¿Puedes ser un crack en tu vida? Ni la ciencia ni nadie puede afirmarlo con certeza. Pero lo que sí puede afirmarse es que puedes cambiar.
No existe una única técnica ni un único camino. Existen miles. Lo que sí está claro es que todo depende de una sola persona: tú. Llegarás hasta donde pienses, sientas y creas que puedes llegar. Y una de las herramientas más poderosas será el conocimiento, especialmente el conocimiento de ti mismo.
No se trata solo de entender cómo funciona tu cuerpo, sino tu mente. Ser consciente de tus pensamientos, emociones y creencias limitantes es el primer paso para liberar tu potencial. El libre albedrío quizá no sea más que eso: decidir si sigues a tu corazón o te limitas por tu razón.
“El corazón tiene razones que la razón no puede entender.” — Blaise Pascal
Ahora es tu turno: ¿Qué interferencias emocionales o mentales crees que están limitando tu rendimiento en la vida? 💬 Compártelo en los comentarios y reflexionemos juntos sobre cómo liberar nuestro verdadero potencial.
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